domingo, 2 de noviembre de 2008

los pies del trapo de la ACE

¿Contribuiría la Alianza por la Calidad de la Educación (ACE) a mejorar la educación básica? Los maestros dicen que no, y lo dicen a partir de que ellos saben exactamente y mejor que nadie qué se necesita para hacer mejor su trabajo, qué les falta a los niños para aprender y formarse, y qué requiere la escuela para ser un espacio educativo real y vinculado a la comunidad. Pero también existen otros datos que muestran que la alianza no ofrece garantía alguna de que puede contribuir a mejorar la educación. Darle unos pesos extra al maestro que logre que sus estudiantes mejoren su desempeño en la prueba Enlace –como propone– es una idea que ha demostrado su inoperancia. Desde 1993 se ha venido aplicando como parte de la carrera magisterial y, sin embargo, los estudios y datos que ofrece el INEE sobre el desempeño del sistema hasta 2005 muestran que en más de tres lustros la escuela mexicana simplemente no ha mejorado. Estudios detallados (Andrade y, sobre todo, Díaz Barriga y Gil Antón a nivel superior) muestran las dinámicas de individualización y dispersión generalizadas que ha producido este esquema entre los docentes. Poner la recompensa económica “en función exclusiva de los resultados del logro de sus alumnos”, además, forzará a los maestros a hacer que la formación de los niños se reduzca a estudiar para el examen. Resulta paradójico, además, que una propuesta de calidad y modernización de la educación se apoye en lo que fue una teoría del siglo XIX que buscaba mejorar la productividad industrial.
Otra propuesta de la alianza consiste en introducir la figura del concurso de oposición, que evoca el mecanismo de selección de profesores utilizado en las universidades. Sin embargo, la ACE no piensa en un concurso de oposición de verdad (con un jurado académico que evalúa el trabajo, el currículo y la exposición escrita y verbal de cada candidato), sino en un trivial examen de opción múltiple de 80 reactivos; un instrumento que ni siquiera permite evaluar si el candidato es capaz de hilar dos ideas por escrito. Y descalifica así la vía que ha sido utilizada exitosamente por muchas universidades en el pasado y que todavía hoy se aplica calladamente en prestigiados centros de investigación y docencia del país. Consiste en convertir en profesores a los mejores egresados de cada institución, haciéndolos primero ayudantes y asistentes y luego profesores-investigadores. Es decir, la idea detrás de la creación de las normales que sostiene que es mejor preparar y evaluar durante varios años a los profesores, en lugar de un examen trivial con dos horas de duración.
La otra errada iniciativa de la alianza es su opción por la tecnología, pero acompañada del desplazamiento del maestro. También en el INEE pueden verse los datos que muestran el fracaso que ha representado el redefinir al maestro como un mero asistente de la máquina, como en el caso de la tecnología de la televisión (telesecundarias), que cumple ya varias décadas. La televisión, ni ahora la Enciclomedia, resuelven el verdadero problema de la mejoría de la educación. También la propuesta de orientar el proceso educativo al “desarrollo de competencias y habilidades” significa reciclar para el nivel básico la propuesta de la educación técnica. Y ahí, también estudio tras estudio, incluyendo los de la OCDE (1996) y de Ramsey y otros (2000) al Conalep, han mostrado las enormes limitaciones que acompañan a esta orientación educativa.
La alianza no ofrece nada para mejorar la interacción que constituye el proceso educativo y no puede, por tanto, incidir en su mejoría. No libera el dinamismo y el compromiso del maestro, sino que lo subordina aún más con la creación de mecanismos de control (como el Ceneval y Enlace). Coloca como criterio de una buena educación los resultados de pruebas de opción múltiple y se olvida de que el objeto de la educación es prioritaria y constitucionalmente la formación de los niños y jóvenes. Abre al mercado las plazas de maestros, desprecia y rechaza la historia del magisterio (normales), y con eso garantiza la improvisación de docentes en el futuro. En una patente aberración, concibe que una reforma educativa puede ser impuesta desde arriba y con la ayuda del Ejército y la SSP. Una vez más, la SEP cuenta el cuento con los ojos al revés.

NOTICIA

Exigen normalistas a la SEP evaluar su trabajo en las aulas; rechazo a la ACE
Laura Poy Solano
La comunidad de la Escuela Normal CREN Benito Juárez, de Pachuca, Hidalgo, realizó un paro de labores en apoyo al movimiento nacional de normales que se opone a la desaparición de dichas instituciones Foto: Notimex
Estudiantes de 45 escuelas normales públicas del país anunciaron la creación de un frente nacional para demandar la cancelación de la Alianza por la Calidad de la Educación (ACE), promover el desconocimiento de Elba Esther Gordillo Morales como dirigente del gremio magisterial, y elaborar una reforma integral del normalismo en el que participen “todas las voces en el interior de esas escuelas, y concretar un proyecto que atienda las necesidades reales de la enseñanza pública, y no de una cúpula política y sindical”.
En el tercer Encuentro Nacional de Normalistas, al que acudieron delegados de Oaxaca, Puebla, Morelos, Michoacán. Zacatecas, Distrito Federal, Guerrero, Tlaxcala, Chihuahua y Aguascalientes, se convocó a todas las normales públicas del país a “sumarse a un esfuerzo por construir un frente común contra la ACE, por la defensa de los derechos maestros, la consolidación de estas escuelas y el derecho a acceder a una educación pública, laica y gratuita”.
Alumnos de normales urbanas, rurales, indígenas, interculturales y experimentales, demandaron al gobierno federal fortalecer la formación de estas instituciones y no “intentar aplicar una alianza que sólo es una simulación, porque se nos proponen exámenes de oposición para entregarnos una plaza docente, cuando durante cuatro años fuimos evaluados por nuestros maestros, realizamos prácticas profesionales y presentamos un documento recepcional, además de cumplir con un perfil de egreso”.
Estudiantes de la Normal Regional de la Montaña en Tlapa, Guerrero, señalaron que un maestro “no es quien sabe pasar un examen, es aquel que tiene una formación pedagógica integral, pero además sabe bailar, dibujar, tiene creatividad para hacer manualidades, exponer temas, sabe hablar frente al público, establecer relaciones sociales con alumnos, padres de familia y con su comunidad, es lo que debe tener un docente, pero eso nos evalúan”.
Por ello, retaron a la Secretaría de Educación Pública (SEP) a que “nos evalúe, pero en las aulas a donde acudimos a realizar prácticas profesionales, dónde nos puede someter a prueba y ver cómo preparamos un programa educativo, qué material didáctico utilizamos, pero allá en las aulas, y no con un examen estandarizado en el que nos preguntan contenidos programáticos que podemos aprender tres días antes”.
Aseguraron: “no aceptaremos las migajas que ofrece el gobierno federal con el examen de oposición o con la entrega de becas, porque no pedimos un favor, nos formamos para atender el rezago educativo, y vamos a ir ante los responsables de la administración federal no a solicitar un lugar dónde nos lo quieran dar, sino para que se cubra la demanda de docentes ahí donde hacen falta”.
Por ello, informaron que también elaboran un diagnóstico nacional de vacantes docentes en el que “quede muy claro que es mentira que sobran maestros, hacen falta escuelas, y lo podemos demostrar comunidad por comunidad. Nosotros sí conocemos a los niños y a sus familias, porque hacemos prácticas profesionales en lugares donde no hay luz ni agua potable, mucho menos alumnos bien alimentados como anuncian los comerciales del Consejo Nacional de Fomento Educativo, con cuyos becarios pretenden atender la demanda de maestros en las comunidades más pobres del país; es evidente que ni siquiera conocen cómo se vive realmente entre la extrema pobreza”.

NOTICIA

Adolescentes tienen una vida sexual activa, pero sin educación Contrariamente a lo que padres y maestros creen, los jóvenes bolivianos tienen sus primeras experiencias desde los 14 años, pero no se cuidan y aún les pesan los tabúes de los años 70.

Contrariamente a lo que los padres y maestros suelen pensar, los adolescentes bolivianos tienen una vida sexual activa, pero administrar su sexualidad les resulta muy difícil, pues carecen de educación e información oportuna y transparente, y libre de tabúes y estereotipos.
Fruto de ello, de las 510 mil mujeres entre 15 y 19 años de edad que se calcula existen en Bolivia, al menos 80 mil están embarazadas o son madres.
Miriam López, coordinadora del proyecto Adolescentes del Fondo de Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), explica que “en Bolivia el despertar sexual se realiza, en promedio, a partir de los 14 años”.
Daisy Flores, investigadora del Centro de Investigación, Educación y Servicios (CIES - Salud Sexual y Reproductiva), y Claudia Arroyo, coordinadora del Colectivo Juvenil Decide (organización de Católicas por el Derecho a Decidir), confirman la versión.
Prueba de ello, coinciden en decir las entrevistadas, cada día llegan hasta sus oficinas adolescentes embarazadas
Andrea Rojas, responsable del proyecto Embarazo Adolescente del UNFPA, comparte que en la elaboración de una investigación acerca del tema, realizó más de 30 entrevistas a jóvenes madres y padres que al momento tienen entre 15 y 18 años de edad.
Las charlas revelaron que en las zonas rurales, la edad de iniciación sexual puede ser mucho más temprana todavía, como el caso de Paola, quien quedó encinta cuando tenía sólo 13 años.
Flores aporta con los resultados de un trabajo desarrollado con grupos focales para estudiar la motivación de la iniciación. El hallazgo dice que los adolescentes varones lo hacen por curiosidad y presión del grupo.
“Yo también decía cosas como: ‘Si no vas con esa chica eres gay’ y otras por el estilo”, cuenta Pablo (18 años), quien será papá.
López también explica que los jóvenes ven en las relaciones sexuales una manera de encontrar afecto fuera del hogar, debido a un distanciamiento de las relaciones familiares, situación que va acompañada de la falta de una educación sexual adecuada.
Si bien los adolescentes saben y conocen sobre formas de protección y métodos anticonceptivos, no valoran bien la necesidad de emplearlos y tampoco reciben orientación correcta, transparente y oportuna al respecto.
“La falta de una comunicación adecuada por parte de la familia y los maestros sobre la reproducción y la vida sexual obliga a que los adolescentes, definidos como personas entre 15 y 19 años, busquen información en otras fuentes no adecuadas”, explica López.
Agrega que “en esta época es difícil que los jóvenes, que los niños y niñas, no conozcan del tema. Estamos en la era de la información, donde conseguir datos es fácil, rápido y barato, aunque sin control adecuado”.
Flores asocia la ausencia de educación con dos ideas: que el sexo sigue siendo un tema tabú en la sociedad y que los padres temen hablar de sexualidad con sus hijos. “Todo el tiempo los adolescentes reciben prohibiciones respecto al sexo, pero no explicaciones”, dice.
Arroyo considera que “hay una falla en la comunicación en la familia, (los padres) no llegan a decirles las cosas tal y como son y esto deja a los adolescentes sin preparación”.
Según el UNFPA, la información sobre sexualidad que reciben los adolescentes procede en un 80 por ciento de los maestros.
Sin embargo, por un dato que obtuvo la entidad Católicas por el Derecho a Decidir, se podría inferir que el contenido de sus mensajes no es el apropiado, pues la profesores creen que sus alumnos no mantienen relaciones sexuales. “Es como si se olvidaran que ellos también fueron chicos”, analiza Arroyo.
Es precisamente el manejo poco transparente, inexacto y casi clandestino de la información sobre la sexualidad lo que mantienen los índices de embarazo en adolescentes en lo mismos niveles que en la década de los 70.
Según el UNFPA, nueve de cada diez adolescentes saben de la existencia de los condones, pero sólo dos de ellos los utilizan.
Asimismo, la falta de educación provoca la aparición y reproducción de mitos que derivan en más y nuevos embarazos no planificados. “Muchos de los muchachos con los que hablamos en la institución en los últimos años creen que si tienen relaciones sexuales una sola vez, no pasará nada”, afirma Daisy Flores.
Otro de los mitos, alimentado por la cultura machista en la sociedad boliviana, es el de fomentar el despertar sexual del varón, mientras que se presiona a la mujer para mantener su virginidad.
Según los expertos, esta situación será difícil de cambiar. “Es un problema social y como tal tarda al menos dos generaciones en ser alterado. Para ello hay que romper paradigmas y creencias fuertemente arraigadas en la mentalidad colectiva del país”, considera López.
Una de las pruebas de sus declaración se registra mediante cifras. La tasa de fecundidad de Bolivia es de 3,9 hijos por mujer en el área urbana y 5, 9 en el área rural, según la Encuesta Nacional de Demografía y Salud 2003 del Instituto Nacional de Estadística (INE), datos que se registran de manera constante desde hace casi 40 años.
Del mismo modo, la proporción de alumbramientos de mujeres entre 15 y 19 años de edad se mantiene igual desde 1970, cuando nacían 84 niños por cada mil adolescentes, aunque la cantidad total es mayor, considerando el incremento en el número de habitantes a nivel nacional.
“Tenemos una población muy joven en Bolivia, que también genera más infantes a corta edad debido a que la situación que fomenta el embarazo continúa sin visos de cambio”, advierte López.
Una adolescente que fue madre no se embaraza una sola vez. Según estudios del UNFPA, se estableció que la joven vuelve a quedar encinta debido a que sigue sin educación sexual adecuada, fomentando la creación de un círculo vicioso.

FOTOS DEL CLUB DE TEATRO EN LA REPRESENTACIÓN DE CALVERAS







QUIMERA 2008

BALLET FOLCLÓRICO DE BOLIVIA
sabado 1 de noviembre de 2008, Metepec.
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